jueves, 24 de enero de 2019

Tipos de Autonomía de la ciencia Retorica.

Tipos de Autonomía de la Ciencia Retorica.

El artículo , da  una aproximación a la historia de la retórica centra su atención no tanto en un análisis histórico del devenir de la retórica a lo largo del tiempo, cuanto en los nuevos contenidos y perfiles de una retórica que se actualiza por su implicación en los nuevos medios, en los nuevos tipos de discursos, en las nuevas funciones sociales y de relación humana. No se trata pues de una inscripción de los grandes hechos, estudios e investigaciones retóricas a lo largo del tiempo. El objetivo consiste en enfatizar el concepto de retórica vinculado a la comunicación y por el que se explican las funciones de argumentación, persuasión y expresión estética y comunicativa. Recobrar el valor de la palabra, del sentido del discurso, de la eficacia de la retórica, del compromiso de quien habla, el decir compromete ese es uno de los objetivos. Se hace un recorrido por las grandes obras retóricas y por los manuales de retórica. Los últimos tiempos con la invención y desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación le han hecho muchas preguntas a la retórica, como instrumento de la comunicación persuasiva y argumentativa.
Fue Plantón el que introdujo el término “retórica” para describir la capacidad de persuadir a otros, concretamente en el contexto público y político. La comparaba negativamente con el conocimiento buscado por los filósofos.
Los pensadores clásicos posteriores, especialmente Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, presentaron varios tratamientos sistemáticos de la retórica en los que ésta aparecía dividida en tres clases: deliberativa (o política), enfocada al futuro y que busca convencer a la gente con fines políticos; forense (o jurídica), enfocada al pasado y que busca convencer a la gente de los méritos o deméritos de las acciones de un individuo; y la epideíctica (o demostrativa) enfocada al presente y que se usa en acontecimientos públicos.
Ninguna de estas formas de la retórica tiene que ver con la forma en que se presentaba el conocimiento de los filósofos que, basado en principios evidentes por sí mismos, no necesitaba de artificios.
En la Edad Media la retórica ocupó de forma natural su espacio en las nuevas universidades y floreció en el Renacimiento cuando humanistas como Pierre de la Rameé la promocionaban como un arte práctico esencial en la política, la religión y la ley. Si bien en alguna ocasión alabaron la utilidad de la elocuencia en alguna ocasión, los filósofos, incluidos los filósofos naturales, siguieron encontrando la retórica como inferior al conocimiento que era su objetivo.
En el siglo XVII los fundadores de la Royal Society of London, expresaron su intención de basarse solo en la experiencia y no en las capacidades de persuasión de las autoridades en su lema, Nullius in verba, tomado de una cita de Horacio, Nullius addictus iurare in verba magistri, que podría traducirse como “no me vi obligado a jurar por las palabras de maestro alguno”. Insistieron explícitamente en la necesidad de emplear lenguaje llano y sencillo y en evitar los artificios engañosos de la retórica en las comunicaciones que se hiciesen a la Society. Hoy día, y continuando esta práctica, los científicos se precian de decir lo que piensan de la forma menos adornada que sea posible.
A partir de mediados de los años setenta del siglo XX, sin embargo, historiadores, filósofos, especialistas en análisis del discurso y en comunicación, además de teóricos de la literatura, comenzaron a producir una cantidad de significativa de artículos y libros sobre la retórica de la ciencia y, en algún momento, fue activa una asociación profesional en Estados Unidos de especialistas en el asunto.
La aparición de la retórica de la ciencia se debió a tres cambios en el clima intelectual centrados en respectivamente en la historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia y las humanidades en general.
En la historia de la ciencia el foco pasó de los mecanismos de funcionamiento de la ciencia a su contexto cultural. Una de las cosas que descubrieron es que hasta bien entrado el siglo XIX (y mucho más tiempo en muchos países) los filósofos naturales y los científicos, como personas educadas que eran, aprendieron los preceptos de la retórica de Quintiliano y Cicerón, entre otros, como parte de su formación general.
En la filosofía de la ciencia muchos académicos, impresionados por los argumentos de Duhemdecidieron que las teorías científicas no podían ser declaradas verdaderas o falsas basándose en la experiencia. De aquí dedujeron que, dada la inevitable falta de adecuación de las pruebas, los científicos tenían que tener otras razones para dar el salto a la creencia o tener otras tácticas para hacer que otros dieran el salto también. Algunos filósofos han explorado la posibilidad de que sea la retórica la que permita dar ese salto.
En las humanidades en general muchos intelectuales han adoptado la posición “lingüística”, lo que viene a ser creer que el lenguaje da forma de tal manera a nuestra visión del mundo que no podemos ir más allá de él. Consideran ingenua la creencia confiada de los científicos de que el lenguaje simplemente denota hechos del mundo real. El lenguaje construye, constituye o crea el mundo. Para estos intelectuales demostrar que esta generalización aplica incluso al lenguaje científico es un espléndido proyecto (no parece importarles mucho que sea incoherente por ser auto-referente).
A la vez que se daban estas tendencias intelectuales las exigencias académicas del sistema universitario estadounidense empujan a los profesores a enseñar y escribir sobre la retórica de la ciencia. Encontraron que era algo muy práctico para hacer atractivos los cursos de humanidades para los estudiantes de ciencias, para cumplir con las directrices curriculares que obligaban a enseñar cómo escribir y para argumentar la necesidad de cursos obligatorios que aumentasen la matriculación en los departamentos de humanidades.
A partir de finales de siglo los estudios de la retórica de la ciencia tratan todo tipo de cuestiones, basten algunas para ilustrar esta variedad: las actitudes hacia el lenguaje entre los miembros de la Royal Society; el lenguaje como “tecnología literaria”; el uso de elegías de los miembros difuntos de la Académie des Sciences de París para crear una imagen pública del carácter científico; la retórica como auto persuasión en los cuadernos de Darwin; la estructura del artículo científico moderno; disparidades entre las narraciones del descubrimiento de la doble hélice entre la publicación original de Watson y Crick y la autobiografía de Watson; el método científico como retórica, etc., etc.
Muchos de estos textos tienen poco que ver, sin embargo, con la retórica en el sentido clásico. Por el contrario, son posicionamientos en los debates entre la ciencia y el relativismo, en las llamadas Science Wars. Los no relativistas no tienen inconveniente en aceptar el argumento de que la persuasión tiene un lugar en la ciencia como lo tiene en la política, ya que los científicos saben que tienen que presentar sus descubrimientos de la forma más convincente posible si quieren que sus pares los acepten. Eso sí, no aceptan en absoluto que la ciencia sea retórica. Los relativistas, sin embargo, insisten en que los propios “hechos” están consensuados, construidos y establecidos por la persuasión. Para los relativistas los afanes de la ciencia se reducen a una serie de batallas retóricas.


La autonomía, de la Ciencia Retorica.

Autonomía de la  Ciencia Retorica.

Tomamos en cuenta los siguientes puntos para poder realizar una explicación.


Habilidad para comunicar decisiones.
Consiste, básicamente, en ser capaz de manifestar una respuesta, por sencilla que sea, de una manera comprensible. Esta capacidad, por ejemplo, se ve reducida o está ausente en pacientes afásicos. El problema práctico planteado en estos casos es determinar qué grado de habilidad en la comunicación del lenguaje se requiere en relación a diferentes decisiones que el paciente puede enfrentar. Por ejemplo, un paciente con afasia de Broca puede tener, además de su lenguaje espontáneo no fluente, una comprensión deficitaria de la sintaxis. Este déficit en la comprensión podría, por ejemplo, no limitar la comprensión para entender la información necesaria y suficiente para decidir si debe hospitalizarse o no. Sin embargo, ese mismo paciente puede resultar incompetente para comprender la información suficiente para decidir participar en un ensayo clínico con medicamentos destinado a evaluar la eficacia y seguridad de un fármaco promisorio para la afasia de Broca
Comprender la información ofrecida.
Se refiere a recibir, almacenar y reproducir de forma adecuada la información relevante, así como entender las relaciones causales y las posibles opciones que se le presentan. Pacientes con lesiones prefrontales, por ejemplo, pueden tener un defecto específico en el razonamiento lógico, con una completa indemnidad de otras funciones cognitivas. Al igual que en el caso anterior, antes de catalogarlo como incompetente se presentará el problema de relacionar el grado del defecto con la complejidad de la decisión que el paciente deberá enfrentar.
Apreciar la situación y sus consecuencias.
Significa entender lo que la información implica para su futuro, en relación al valor que el paciente asigna a los riesgos y beneficios involucrados. La valoración debiera basarse en las preferencias, principios o creencias individuales y estar libre de presiones externas. Pacientes con enfermedades psiquiátricas del afecto, por ejemplo con depresión, pueden ser considerados incompetentes para decidir en relación a un eventual rechazo a solicitar ayuda médica.
Procesar racionalmente la información.
Esto implica ser capaz de realizar un proceso lógico de pensamiento. Este es un criterio muy complejo y probablemente puede involucrar todos los puntos anteriores.


domingo, 20 de enero de 2019

Reglas para eschuchar bien.

Reglas para escuchar bien.

1. Ponga mucha atención: Deje de lado lo que está haciendo. No hable, mantenga las manos lejos del teléfono, suelte el bolígrafo. Siga escuchando aunque le parezca equivocado o irrelevante.
2. Relájese y deje a la otra persona que se relaje: Si logra que su interlocutor se relaje, tiene la mitad del camino recorrido. Lo ayudará a decir mejor lo que venía a decir. No haga uso de su autoridad.

3. Utilice lenguaje corporal: Exprésele interés en lo que dice, asintiendo, sonriendo o con gestos similares.
4. No interrumpa: Escuche detenidamente sin interrumpir. De esta manera, la persona sentirá que tiene alguien en quien puede confiar, y le revelará sus sentimientos reales.
5. Muestre simpatía: Deje bien claro que está interesado. Pídale a su interlocutor que le ayude a entender el problema.
6. Repita lo que le dijeron: Hágalo repetidamente hasta que su interlocutor le diga “sí, exactamente”. Parafrasear aclara el significado y estimula el entendimiento. Use las mismas palabras que le dijeron —no agregue palabras suyas.
7. No le tema al silencio: El silencio permite reflexionar sobre lo que la otra persona ha dicho. Aunque parece incómodo, no le debe temerle.
8. Enfóquese en el problema, no en la conducta: Las emociones pueden distorsionar cualquier situación.
9. Responda: Diga al menos “entiendo”. (Otras técnicas para escuchar activamente más abajo.)
10. Exprese sus sentimientos: Dígale lo que siente, no sin antes entender cómo se siente la otra persona. Sin embargo, no se involucre sentimentalmente en el asunto.
11. Ponga atención a la actitud: Cualquier gesto, sentimiento o temas que evada el interlocutor pueden dar claves acerca de lo que realmente quiere decir.

Reglas para hablar bien

Las reglas para hablar bien.

1. Domina tu Tema.
Conoce tu material y contenido tanto como puedas. Debes estar bien informado, dominar bien tu tema y realizar una investigación extra para obtener datos frescos e interesantes que pueden hacer que tu presentación brille y que te sientas totalmente confiado enfrente de la audiencia.
2. Practica en Voz Alta.
Repasa y ensaya tu material al menos unas 20 veces. Hazlo en voz alta frente al espejo mientras practicas el ritmo y las pausas adecuadas con las que vas a hablar. De ser posible, grábate en audio o video, y escúchate a ti mismo.
3. Conoce a tu Audiencia.
Investiga a tu público para que determines qué tipo de personas te van a escuchar. Saluda a las personas cuando vayan llegando al evento y pregúntales qué expectativas tienen de tu conferencia, así podrás adaptar tu contenido a lo que ellos quieren escuchar.
4. Familiarizarte con la Sala.
Llega temprano y párate en el escenario donde vas a hablar, practica un poco y familiarizarte con el lugar hasta que te sientas suficientemente cómodo. Imagina que ya están las personas frente a ti y siéntete confiado.
5. Empieza Relajado.
Tus primeras palabras son las más importantes, así que párate con seguridad, relájate y mira a las personas mientras sonríes y cuentas hasta 3. Luego puedes comenzar a hablar tranquilamente para después subir las emociones poco a poco.
6. Visualiza.
Mientras practiques imagina la mirada de las personas, imagínate a ti mismo que ya estás hablando frente al público, imagina que lo estás disfrutando y estás hablando con mucha confianza.
7. Habla con Pasión.
Si entregas tu mensaje con pasión, vas a lograr mucho más influencia en las personas.Transmite emociones y trata de conmover a las personas con la manera en que pronuncias tus palabras. La gente quiere que tu presentación tenga éxito, porque desean aprender y desean ser motivados e inspirados.
8. No te Disculpes.
No es necesario que te disculpes por estar nervioso, la gente realmente NO lo sabe a menos que tú se los digas. Habla con la seguridad de que la gente quiere escucharte y de que estás preparado para hacerlo bien.
9. Controla la Ansiedad.
Si logras enfocarte en el mensaje que quieres transmitir, en tocar el corazón de las personas con tus palabras y te olvidas de los nervios, pronto te sentirás tan confiado y emocionado que la ansiedad va a desaparecer por completo.
10. Gana Experiencia.
Si sigues acumulando experiencia, pronto serás un experto para hablar en público. Sólo tienes que seguir practicando y realizar presentaciones tan seguido como puedas. Involucrarte en organizaciones y actividades que te obliguen a hablar en público, así lograrás dominar por completo el temor y todas las habilidades requeridas.

El decálogo del Abogado

El Decálogo del Abogado.

I. Estudia. El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serás cada día unpoco menos Abogado.

2. Piensa. El Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.
3. Trabaja. La Abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la  Justicia. 
4. Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha por la Justicia.
5.Sé leal. Leal con tu cliente al que no puedes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el Juez que ignora los hechos, y debe confiar en lo que tú le dices y que, en cuanto al Derecho, alguna que otra vez debe confiar en el que tú le invocas.

6.Tolera. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.

7. Ten paciencia.El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

8. Ten fe. Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz como substituto bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la cual no hay Derecho, ni Justicia, ni Paz.
9. Olvida. La Abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras llenando tu alma de rencor llegaría un día en que la vida sería imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.
10.Ama tu profesión.Trata de considerar la Abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que se haga Abogado.

El decálogo del universitario

El Decálogo del universitario.

 1.-No reduce su vida universitaria a una mera asistencia a clases para tomar apuntes y echar una partida de mus con los compañeros.

2 .-No va a la universidad sólo en busca de un título que le permita el acceso al mundo laboral en el día de mañana.

3 .-No permanece indiferente ante lo que le rodea, se asombra de la realidad más cotidiana y más sorprendente

4 .-Se mueve por un espíritu curioso que le impulsa a buscar la verdad.

5 .-Pretende tener una visión plena del Hombre, de su esencia, su sentido  y todo lo que le afecta

6 .-Se preocupa por formarse integralmente pues sólo así podrá llegar a tener un verdadero conocimiento de la realidad.

7 .-Es humilde, se reconoce limitado, sabe que no posee un conocimiento absoluto de la realidad.

8 .-Es abierto por definición, sabe escuchar las opiniones de los demás aunque no por ello cae en el relativismo fácil.

9 .-Pone su vocación y su formación al servicio de la sociedad y de todos aquellos que lo necesiten.

10 .-Es rebelde en el verdadero sentido de la palabra, un inadaptado a las imperfecciones de la vida.

El decálogo del estudiante

El  Decálogo    del  estudiante.


-- El buen estudiante se esfuerza en conocer bien las técnicas de trabajo intelectual y comprende lo que lee, lo asimila, lo retiene en su memoria y sabe utilizarlo.

2.- Quiere estudiar y poner toda su ilusión, tiempo y entusiasmo en aprender bien cada tema, siguiendo un detallado plan de estudio que cumple con tesón.

3.- Estudia con todo su cerebro y primero se forma una idea general del tema en cuestión y después profundiza al detalle en los aspectos fundamentales.

4.- Conoce bien su ritmo de trabajo, sus limitaciones y sus posibilidades, no se compara con nadie y procura ser mañana un estudiante más responsable y eficaz que hoy.

5.- Disfruta estudiando, siente curiosidad e ilusión por aprender más y mejor cada día y no entiende el estudio como carga, sino como un deber que convierte en placer.

6.- Tiene muy claro por qué estudia y los beneficios que le reporta su esfuerzo. Por eso se fija metas a medio y largo plazo que siempre cumple, ya que es tenaz.

7.- Se valora y felicita a sí mismo por sus logros y esfuerzos y no se desmoraliza por los fallos y errores de los que sabe sacar provechosas lecciones.

8.- Intercambia opiniones, dudas, problemas y estrategias con sus compañeros y hace de profesor con quienes se lo piden.

9.- Visualiza mentalmente los pasos que ha de dar y utiliza el auto refuerzo y las verbalizaciones positivas: "Todo está bajo control", "me estoy superando"...

10.- Lleva a la práctica lo aprendido y le da utilidad, lo aplica a la vida diaria y sabe que sólo aprendemos bien lo que hacemos bien.